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Un buen modo
de presentar al Angustia

No es sencillo definir la angustia, y tampoco creo que una definición baste para hacerlo. Por eso quiero compartiéndoles con mis palabras, el modo en que la presenta Lacan; angustiándonos.

Él nos pide que imaginemos llevar una máscara de una animal que nos cubre la cara y que desconocemos esa máscara;  es decir que desconozco como me veo y fundament almente desconozco como los otros me ven. De pronto, en este estado de desconocimiento total de mi propia imagen, me encuentro en una gruta sin salida. Frente a mí, otro animal, un animal verdadero, animal gitanesco y peligroso si los hay: una mastis religiosa.

Para quienes no lo sepan, la Mantis Religiosa debe su nombre a sus prominentes patas delanteras, que están dobladas y juntas en un ángulo que recuerda a la posición de oración. A pesar de su nombre, estos fascinantes insectos son unos fantásticos depredadores. Su cabeza triangular se alza en lo alto de un estirado cuello, que de hecho es un tórax alargado. Los mántidos pueden girar la cabeza 180 grados para escudriar los alrededores con sus dos grandes ojos compuestos y tres simples situados entre ellos.  La mantis, que suele ser verde o parda y se camufla muy bien entre las plantas de su hábitat, embosca o acecha pacientemente a sus presas. Usan sus patas delanteras para atrapar a su víctima con unos reflejos tan vertiginosos que resulta difícil verlo a simple vista. Además, las patas presentan pas con las que atrapan e inmovilizan a la presa.  Más allá de esto, hay una característica que identifica a la hembra adulta, que definitivamente la hace siniestra a nuestros ojos: en ocasiones se come a su pareja justo después del apareamiento, e incluso durante el mismo y, a pesar de ello, los machos jamás rehúyen la oportunidad de reproducirse.  

Bien, volvamos a la escena planteada: estoy disfrazado con la máscara de un animal que ignoro y, por lo tanto no sé cómo me ven. Recordemos que la gruta no tiene salida, imposible retroceder. De pronto frente a mí , veo a otro animal, lo conozco muy bien: es una mantis religiosa hembra, gigante, me triplica en altura. Está allí inmóvil, mirándome fijo. Intento ver mi imagen proyectada y reflejada en su globo ocular. Es una pesadilla, pues no veo nada. Siento terror… Y si mi disfraz fuese el de su parteniere, del macho al que estaba esperando para aparearse a él. 

Así describe Lacan la angustia, como ese desconcierto que nos provoca el deseo del otro.  Ese "Che vuoi?": "¿Qué quieres?" o ¿qué me quiere? con la ambigüedad que el francés permite en el  me, "¿qué quiere él de mí? ó ¿qué quiere él en lo relativo a ese lugar del yo ocupo?  Un lugar que si retomamos el relato de la mantis religiosa, desconozco, pues no sé cuál es la máscara que llevo.

En ese sentido, podríamos decir que nos angustiamos frente a un “otro temible”, quien me coloca en lugar de “objeto de su deseo”, quien nos cosifica. Y además me desconoce, pues lo que desea es la máscara que utilizo y, incluso yo ignoro cuál es. Para Lacan, es señal de lo real.

Tengan en cuenta “lo real” en Lacan: Es todo aquello que tiene una presencia y existencia propias. Aunque las palabras se asemejen, no debe confundirse con el concepto de "realidad", puesto que ella más bien pertenece al orden del lenguaje, simbólicamente estructurado.  Lo real aparece en la esfera de la sexualidad, de la muerte, del horror y del delirio. Lo real es lo que no podemos pensar, imaginar o representar.

Entonces, para Lacan la angustia es la señal de lo incognoscible, lo que no podemos poner en palabras, lo que no puede definirse por el lenguaje. Por eso, la orientación lacaniana -a diferencia del poder dominante que intenta haceros creer que la angustia es una emoción negativa que rápidamente debemos eliminar y quitar de nuestra vida - nos propone “desangustiarnos” de una manera constructiva.

Eso es la apuesta a nuestro deseo, lejos del deseo de cualquier otro…

Si te interesa el tema de la Angustia, te propongo leer este artículo





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