El camino del encuentro

Yo no busco, yo encuentro.
¿Y vos?


El  verdadero cambio comienza con un encuentro. No uno casual ni superficial, sino un encuentro radical con lo que somos, con lo que hemos sido, y con lo que aún podemos ser. Encontrarse es más que reconocerse: es volver a mirar la propia identidad con honestidad, con ternura y con coraje. Es aceptar la complejidad, la herida, la potencia y el deseo que nos habitan.

Este camino no se recorre en línea recta. Se despliega en seis momentos simbólicos, que no son pasos obligatorios, sino estaciones posibles en el viaje hacia una vida con sentido:

  • Perderse no es fracaso, sino la apertura a un nuevo comienzo: cuando todo parece perdido, aunque no lo vemos, se juega una tensión inevitable: volver al pasado y aferrarse al odio o la venganza, o dar un paso adelante y creer que otro futuro es posible.  Es el momento en que se cae lo conocido y se abre la posibilidad de lo verdadero. Perderse es dejar de sostener lo que ya no sostiene, y animarse a no saber, confiando que el "no se " posibilita todo aprendizaje.

  • En el Tiempo de Restauración, se honran las ruinas,  lo roto. cobra valor.  No se niega la herida, se la abraza. Restaurar no es volver atrás, sino cultivar lo posible en medio de lo que parecía perdido. Es tiempo de recomponer, de sanar, de elegir qué sí. En la restauración no se evita, se habita nuestro mundo interno

  • Activar el potencial implica reconocer la fuerza que aún vive en lo que parecía apagado. Es despertar lo dormido, encender lo que estaba en pausa, y confiar en que hay vida incluso en la ceniza.

  • Ser fieles a principios nos da raíces éticas. Son los pactos que hacemos con lo que consideramos valioso, justo, digno. Los principios no son normas, son fundamentos que sostienen lo que construimos.

  • Y finalmente, Liderar con propósito nos orienta al servicio de algo mayor, desde la coherencia, la esperanza y la humildad. No se trata de metas externas, sino de direcciones internas que nos alinean con lo que queremos cuidar, transformar, ofrecer. El propósito no se impone: se revela.
    Liderar desde aquí es haber transitado el camino, y ofrecerlo como espacio para otros.

Cada uno de estos momentos es una invitación a detenerse, reconocerse, elegir con conciencia y restaurar lo que parecía perdido, para luego convertirse en inspiración viva para otros.

Porque el liderazgo no nace en la cima, sino en el abismo donde se quiebra la ilusión. Y el sentido no se impone: se encuentra cuando nos atrevemos a nombrar nuestro extravío con algo verdadero entre las manos.

Perdete                      Tiempo de Restauración                       Activando tu potencial                   Estableciendo principios                                Propósitos