Cuando la violencia resulta laboral
Es ilusorio pensar en ámbitos libres de violencia cuando, en nuestra sociedad, la violencia ocupa la escena cotidiana en todas sus formas.
Repensando la violencia
En 1996, la 49° Asamblea Mundial de la Salud reconoció a la violencia como una epidemia soslayada, considerando que en el corto plazo superaría a las enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo, y pasó a considerarla como una amenaza para la salud pública y un obstáculo para el desarrollo de las Naciones.
En un Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, del año 20032 se afirma que cada año, más de 1,6 millones de personas pierden la vida y muchas más sufren lesiones no mortales como resultado de la violencia autoinfligida, interpersonal o colectiva. La violencia es una de las principales causas de muerte en todo el mundo para la población de 15 a 44 años de edad.
En este contexto, los organismos internacionales estimaron que los actos de violencia contribuían al 15% de la carga mundial de enfermedades pero advirtieron la ausencia de indicadores adecuados para medir su impacto total.
Coincidamos en que la cultura dominante es en su esencia violenta.
Todos y todas hemos internalizado y naturalizado un discurso violento.
A la mayoría, no nos es ajeno el presenciar un hecho violento,
e incluso violentar o ser violentados.
Cada día - por acción u omisión - avalamos múltiples violencias,
aun cuando nuestra intención fuese la contraria.
La violencia forma parte de la raíz de la comunicación humana. Por lo tanto, carecen de efectividad aquellas acciones tendientes a prevenirla o erradicarla, aisladas de una proceso organizacional más comprometido, cuyo objetivo primordial sea visibilizarla, sancionarla y desinstitucionalizarla en todas su formas.
De este modo, un fenómeno netamente cultural como es la violencia, a la mayoría de las personas les resulta natural.
Recordemos que el proceso de naturalización de la violencia, se apoya en construcciones culturales de significado que condicionan nuestro modo de percibir la realidad y por lo tanto, consideramos los hechos violentos como parte de la vida, como algo normal, propio de los vínculos interpersonales.
Las mayoría de las organizaciones, lejos de estar ajenas a este fenómeno, contribuyen activamente al mismo, tolerando en el ámbito laboral prácticas de maltrato y conductas misóginas, homofóbicas y discriminatorias. Y esto también es invisibilizado, no olvidemos que recién en mayo del 2007, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación creó la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral y que aún hoy, carecemos de una Ley Nacional de aplicación para el sector público y privado. La violencia forma parte de la raíz de la comunicación humana. Por lo tanto, carecen de efectividad aquellas acciones tendientes a prevenirla o erradicarla, aisladas de una proceso organizacional más comprometido, cuyo objetivo primordial sea visibilizarla, sancionarla y desinstitucionalizarla en todas su formas.
"La palabra crea mundos" - es mi frase preferida, al referirme a la posibilidad de cambiar"ese mundo", más aún cuando sentimos que nos limita y nos daña. Si desde la palabra no comenzarnos a crear mundos libres de violencia, la violencia dominará nuestro mundo.

En ese sentido, me apoyo en las palabras de Nelson Mandela
en el Prólogo al Informe Mundial sobre la Violencia de la OMS del año 2002:
"Muchas personas que conviven con la violencia casi a diario la asumen
como consustancial a la condición humana, pero no es así. Es posible
prevenirla, así como reorientar por completo las culturas en las que impera .
En mi propio país, y en todo el mundo, tenemos magníficos ejemplos de cómo se
ha contrarrestado la violencia.
Los gobiernos, las comunidades y los individuos pueden cambiar la
situación"
La ley de violencia de género al plantear los tipos de violencia y describirlos, creo nuevos mundos que esperemos sean libres de violencia. Si bien los describe hacia las mujeres, es importante conocer que también los varones pueden sufrir estas violencias:
- Violencia
doméstica contra las mujeres: aquella ejercida contra las mujeres por
un integrante del grupo familiar, independientemente del espacio físico
donde ésta ocurra, que dañe la dignidad, el bienestar, la integridad
física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la libertad, comprendiendo
la libertad reproductiva y el derecho al pleno desarrollo de las mujeres.
Se entiende por grupo familiar el originado en el parentesco sea por
consanguinidad o por afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las
parejas o noviazgos. Incluye las relaciones vigentes o finalizadas, no
siendo requisito la convivencia.
- Violencia
institucional contra las mujeres: aquella realizada por las/los
funcionarias/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a
cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar,
obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas
públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley. Quedan
comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos,
sindicatos, organizaciones empresariales, deportivas y de la sociedad
civil.
- Violencia
laboral contra las mujeres: aquella que discrimina a las mujeres
en los ámbitos de trabajo públicos o privados y que obstaculiza su acceso
al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo,
exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia
física o la realización de test de embarazo.
Constituye también violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual remuneración por igual tarea o función. Asimismo, incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral. - Violencia
contra la libertad reproductiva: aquella que vulnere el derecho
de las mujeres a decidir libre y responsablemente el número de embarazos o
el intervalo entre los nacimientos, de conformidad con la Ley 25.673 de
Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.
- Violencia obstétrica: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres , expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929.
- Violencia mediática contra las mujeres : aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.
Bastaría sólo difundir esta ley en el ámbito laboral en el contexto de una acción de sensibilización, para posibilitar que muchas víctimas y testigos se reconozcan como tales y muchos victimarios tenga la certeza que su conducta o lo que creen su modo de ser es un delito, tipificado en una ley nacional.
David Maclagan, en un texto en el cual revisa los mitos de la creación de las más diversas culturas concluye que entre todas las acciones que dan lugar a la creación (moldear, plantar, tejer, tallar...); hay una que supedita a las otras: la palabra, el habla, el verbo.
En la religión judeo / cristiano, Dios uso su poder creador, mediante la palabra. Leemos en Génesis 1:3 "Dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz"
Rafael Fauquié dice: -"El desorden anterior a la creación del universo es el desorden de la ausencia de palabras". Recuerda que, en Cien años de soledad, al hablarse de la fundación de Macondo, la voz narradora dice que el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre"-
Definitivamente el mundo está hecho de palabra...
Así como lo "innombrable" tiene su palabra y el silencio (que también puede ser nombrado) es "una palabra no dicha o la ausencia de palabra"; esta nueva definición de violencia, visibilizó realidades violentas naturalizadas hasta el momento.
y es el Poder quien se encargará de imponerlas...
Cuando aún hoy frente a un hecho violento, se juzga a las víctimas, se justifica a victimarios, se valora el "no te metas de testigo" y se omite las participación de la organización ¿no deberíamos reclamarle al poder imponga por medio de leyes específicas y programas especiales "organizaciones no violentas"?
Apropiarnos del "Poder del Lenguaje" y Cuestionar al "Lenguaje del Poder" nos permitirá elegir la palabra protagonistas
a la hora de "construir" ese contexto no violento
que ya Mandela nos anticipó es posible lograr.
