Tiempo de RESTAURACIÓN

Honrar las Ruinas

La RESTAURACIÓN  es la  SEGUNDA ESTACIÓN en este viaje.
Si aún no lo hiciste, conocé
 el Camino del ENCUENTRO


Luego de perderse, es tiempo de avanzar, pero no es posible salir corriendo hacia adelante. El camino propone una pausa profunda: el Tiempo de Restauración. Aquí no se niega lo que dolió ni se minimiza la herida. Por el contrario, se la habita, se la honra.

Las ruinas cobran valor porque hablan de lo vivido, de lo que fue importante, de lo que dejó marca. Restaurar no es borrar el pasado ni volver a un estado anterior idealizado; restaurar es cultivar lo posible en medio de lo que parecía definitivamente perdido.

En una cultura que empuja a negar el dolor, "superar todo rápido" y a mostrar fortaleza constante, la restauración es un gesto contracultural. Implica quedarse, habitar el propio mundo interno, escuchar lo que duele sin juzgarlo. No se trata de recrearse en la herida, sino de reconocerla como parte de la propia historia. Aquello que se niega se enquista; aquello que se abraza, se transforma.

Restaurar es elegir con qué vamos a quedarnos del pasado. No todo se recupera, no todo vuelve a ser como antes, y eso también es sabiduría. Hay vínculos que no continúan, proyectos que no renacen, versiones de uno mismo que necesitan despedirse. La restauración auténtica no fuerza recomposiciones artificiales; respeta los tiempos, los límites y las pérdidas.

En este tiempo se aprende a diferenciar entre fragilidad y debilidad. La fragilidad asumida abre a la compasión, hacia uno mismo y hacia otros. La restauración ocurre cuando dejamos de exigirnos ser quienes ya no somos y empezamos a cuidarnos como somos ahora. Es un tiempo silencioso, muchas veces invisible para el afuera, pero profundamente activo por dentro.


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Habitar la restauración, impone habitar un duelo. Supone aceptar que no todo depende de la voluntad, que hay procesos que no se aceleran. En ese habitar, poco a poco, algo se recompone: no necesariamente lo roto, pero sí la relación con lo roto. Y allí, en esa nueva relación, empieza a asomar una fuerza distinta, más humilde y real.