Captura el instante
Hace muchos años conocí a un fotógrafo que, mientras observábamos algunas de sus imágenes, me confesó el secreto de su trabajo.4
—Capturo el instante y me niego a modificar lo que aparece.
No entendí del todo aquellas palabras. Intuí que hablaban de algo mucho más profundo que una fotografía.
Muchos años después, durante una exposición en una iglesia de mi barrio, un pintor volvió a decirme exactamente lo mismo.
—Capturo el instante. Después dejo que mi sentir dialogue con esa imagen.
Otra vez la frase me conmovió. Había en sus obras una verdad que todavía no lograba comprender.
Tuvieron que pasar algunos años, demasiadas experiencias difíciles de explicar y un largo tiempo fuera de escena para descubrir lo que ambos intentaban decirme.
La vida sólo ocurre en un instante.
Todo lo demás es nostalgia o imaginación.

El único tiempo real
Nunca me preocupó cuánto dura un instante. Tal vez sea imposible medirlo. Lo verdaderamente importante es otra cosa: descubrir que sólo en ese brevísimo espacio llamado presente ocurre la vida.
Vivimos creyendo que habitamos el pasado o el futuro.
Pero el pasado sólo existe cuando lo recordamos.
Y el futuro únicamente cuando lo imaginamos.
Nada ocurrió en el pasado; ocurrió en el presente de entonces.
Nada ocurrirá en el futuro; ocurrirá en el presente que todavía no llegó.
Sólo el aquí y ahora nos desafía a vivir.
Sin embargo, nuestra mente rara vez permanece allí. Va y viene entre nostalgias, culpas, proyectos, miedos, expectativas o ilusiones. Mientras tanto, el presente pasa delante de nosotros sin que lleguemos realmente a habitarlo.
Quizá por eso la Terapia Gestáltica insiste en preguntas tan simples como profundas:
¿Qué estás haciendo ahora?
¿Qué estás sintiendo ahora?
¿Qué estás evitando ahora?
Las tres nos devuelven al mismo lugar: el presente.
Cuando desaparece el tiempo
La psicología moderna habla del estado de flujo. Los deportistas lo llaman "estar en la zona". Los artistas simplemente dicen que están creando.
Son maneras diferentes de describir una misma experiencia.
Ese instante en que dejamos de pensar en nosotros mismos y nos fundimos con lo que estamos haciendo.
El tiempo parece detenerse.
La mente deja de anticipar.
El cuerpo, la emoción y el pensamiento trabajan en una misma dirección.
No hay pasado.
No hay futuro.
Sólo presencia.
Quizá por eso las experiencias más intensas de nuestra vida casi nunca son aquellas que más planificamos, sino aquellas en las que logramos estar completamente disponibles para lo que estaba sucediendo.
El instante decisivo
Hace algunos años un problema de salud cambió definitivamente mi manera de mirar el tiempo.
De un día para otro quedé cuatro meses fuera de escena.
Estuve en coma.
Hubo momentos en los que llegué a creer que había muerto.
No es sencillo explicar lo que sucede cuando uno siente que la vida puede terminar en cualquier momento.
Pero sí puedo decir qué cambió desde entonces.
Dejé de confiar ciegamente en el mañana.
No porque viva con miedo.
Al contrario.
Comprendí que el mañana nunca estuvo en mis manos.
El pasado quedó reducido a una historia.
El futuro dejó de ser una garantía.
Sólo el presente permanecía intacto.
Y esa experiencia volvió a repetirse, de otra manera, algunos años después.
Desde entonces comprendí que vivir no consiste solamente en prestar atención al presente.
Consiste en asumir que quizá este sea el único instante que realmente tenemos.
Y eso cambia todo.
Vivir el instante
Henri Cartier-Bresson hablaba del instante decisivo.
Sostenía que la fotografía no consistía en fabricar una imagen, sino en reconocer ese momento único e irrepetible en el que la realidad revelaba su sentido.
Creo que la vida nos propone exactamente el mismo desafío.
No podemos detener el tiempo.
No podemos regresar al pasado.
No podemos anticipar el futuro.
Pero sí podemos decidir cómo habitar este instante.
Porque cualquier instante, por insignificante que parezca, puede convertirse en un instante decisivo.
No porque sea extraordinario.
Sino porque es el único que verdaderamente nos pertenece.
Tal vez eso quiso decirme aquel fotógrafo hace tantos años.
Y también aquel pintor.
Capturar un instante no consiste en detener el tiempo.
Consiste en estar plenamente presentes cuando la vida decide revelarse.
Después de todo, quizá vivir sea solamente eso.
Animarse a vivir, sólo por hoy.
